El obrador
Un local en el Carrer del Golf de Cadis, un horno a la vista y unas recetas que no son de aquí. Con eso se hace todo lo demás.

Todo empieza de madrugada
Antes de que el barrio se despierte ya hay masa sobre el mármol. Se amasa, se lamina, se deja levar, se hornea y se decora a mano, tanda tras tanda, hasta que cierra la puerta a las dos y media.
No hay obrador central ni furgoneta que traiga bandejas. El horno está a seis metros de las mesas y se ve desde la barra: si algo sale bien, lo has visto salir.
antojo
El nombre
Antojo, en español, no es hambre. Es querer algo justo ahora, sin motivo y sin permiso: la palabra exacta para lo que te pasa cuando entras a por un café y sales con dos alfajores.
Ahora fíjate en el rótulo. La J va en mayúscula. Ahí el nombre se dobla y guarda dos nombres propios dentro — los de quienes se trajeron las recetas.
Pendiente de confirmarLos dos nombres que hay detrás de AntoJo's. Es el mejor arranque que tiene esta historia y hoy no lo cuenta ninguna parte.

El dibujo de la servilleta
En las servilletas de lino está dibujado, a un solo trazo, lo que hay dentro del local: la lata de alfajores, el alfajor y la medialuna. No hace falta leer la carta para saber a qué se viene. Ese mismo dibujo recorre esta web.

Quién está detrás del cristal
Un equipo pequeño que amasa, hornea, sirve y limpia sin repartirse mucho los papeles. La misma persona que te saca el café suele ser la que armó tu medialuna.
Pendiente de confirmarNombres y funciones del equipo, y una foto de grupo. Poner cara a un obrador a la vista vale más que cualquier frase.

El café se termina en barra, a la vista, como todo lo demás.